Existen personas que ven el mundo no como es, sino como podría llegar a ser. Para el Ingeniero Andrónico Varela, Vicepresidente de la Corporación JHS, la vida nunca fue una serie de eventos aislados, sino un engranaje perfecto donde la lógica y la pasión se encuentran para construir país.
Para la familia de la Corporación JHS, Andrónico Varela es líder emblemático e inspirador, un jefe “como pocos”, con un instinto casi paternal que brinda a muchos seguridad, y confianza. Un gerente que ha visto —e impulsado— a muchos a despegar y salir de su zona de confort, tal y como él lo ha hecho desde niño, cuándo su curiosidad por descubrir qué había detrás de cada movimiento, de cada pieza y de cada estructura, le inspiraron a que en su vida nunca quedaran preguntas sin responder, o mecanismos sin analizar. Ese mismo ímpetu es el que hoy lo ubica como el punto de equilibrio entre la visión estratégica de la presidencia corporativa, y los casi tres mil colaboradores que están bajo sus líneas.
La infancia del “profe” como le dicen muchos por cariño y respeto, estuvo marcada por una observación profunda. Mientras otros veían simples objetos, él analizaba sus mecanismos. Se quedaba extasiado frente a las fundidoras de metal de una fábrica que estaba al lado de su casa materna, y desarmaba sus juguetes con una disciplina casi científica para entender el porqué del movimiento.
Esa curiosidad lo llevó a ser un estudiante excepcional, ganándose el reconocimiento como el mejor del estado Táchira en los años 90. Pero Andrónico no era el típico «nerd» aislado; era un joven con vocación de servicio. Desde el bachillerato y durante su carrera en la UNET, ya enseñaba. Fue preparador de física, química y matemáticas, descubriendo allí una de sus grandes virtudes: la capacidad de transmitir conocimiento con paciencia y claridad.
Del proceso al resultado
Sin embargo, al sumergirse en su carrera de ingeniería mecánica, Andrónico experimentó una evolución intelectual. Descubrió que, si bien amaba entender el funcionamiento interno de cada engranaje, su pasión se expandía hacia algo más grande: el proceso industrial. Ya no solo le intrigaba cómo funcionaba la máquina, sino qué pasaba después. Le cautivaba ver cómo la materia prima se transformaba en algo tangible, en un producto con un objetivo específico destinado a llegar a las manos de un consumidor.
Esta revelación lo llevó a entender que la mecánica era el motor, pero la industria era el sistema. Por ello, apenas recibió su título de ingeniero, inició de inmediato su Maestría en Ingeniería Industrial. Quería dominar el ciclo completo: desde el tornillo que gira hasta la logística que coloca el producto en el mercado.
El puente hacia JHS
Pero su historia ni terminó allí. Antes de ser el pilar estratégico que es hoy, Andrónico «sudó la camiseta» en el campo. Trabajó durante ocho años en Empresas Polar, específicamente en mantenimiento industrial, conociendo de cerca el lenguaje de las plantas. Curiosamente, sus inicios fueron en una planta que años más tarde pasaría a formar parte de la Corporación JHS, como si el destino estuviera trazando su camino de regreso.
Tras un tiempo emprendiendo con su propia firma de proyectos e impartiendo clases en la UNET, el destino lo llamó a través de un antiguo alumno. Lo que empezó como una asesoría por tiempo determinado en los inicios de la Corporación, se convirtió en una estadía permanente. “Con tan solo llegar, supe que nos convertiríamos en una gran corporación. Jorge me contagió con su visión, y esa convicción plena de ser los mejores, en cualquier plan que nos propusiéramos. Esa emoción, y ese amor que sentí ese primer día por el lugar al que llegué es el mismo que siento y me impulsa hoy a que sigamos adelante con este y todos los proyectos que se vengan”, aseguró.
Una llave perfecta
Para Andrónico, la Corporación JHS es un organismo vivo. «Las organizaciones evolucionan y se adaptan como lo hace el cuerpo humano», explica. Bajo su mirada, los departamentos no son silos aislados, sino órganos que deben trabajar en sintonía. Su labor como Vicepresidente ha sido ser ese «hilo conductor» que asegura que todos, desde el área industrial hasta los servicios, caminen hacia el mismo objetivo.
Su alianza con Jorge Silva es una danza de equilibrios. Mientras Jorge aporta la intuición audaz y la visión frontal que ve tres pasos más allá, Andrónico aporta la lógica, la estructura y el método. «Jorge vio en mí habilidades que yo mismo desconocía», comenta con humildad. Esa confianza mutua ha permitido que la Corporación JHS se diversifique en sectores estratégicos, transformando la vida de miles de familias venezolanas.
El hombre detrás del cargo
A pesar de las altas responsabilidades, Andrónico mantiene los pies en la tierra. Es el hombre que disfruta el silencio de un libro, que sigue estudiando postgrados a su propio ritmo y que encuentra su armonía en el hogar junto a los suyos. Su método para la paz mental es la atención plena: cuando está en una reunión, está al 100%; cuando está en casa, su presencia es absoluta.
Su secreto, la organización casi quirúrgica. Cada domingo, estructura de forma metódica su semana, asegurándose de que nada se olvide, porque entiende que de sus decisiones dependen los sueños de muchos.
Al preguntarle qué define a un colaborador JHS, su respuesta es inmediata: pasión y humildad. Humildad para saber que siempre hay alguien de quien aprender, y pasión para que el trabajo no sea una carga, sino una alegría.
Al mirar hacia atrás, su mensaje para cada colaborador de JHS es una invitación al propósito: «Estamos en un sector estratégico, en un proyecto de vida que impacta al país. Hagamos lo que nos toca con el corazón».
Al cerrar este año, la figura de Andrónico Varela nos queda como un recordatorio de que el liderazgo no se ejerce con presión, sino con ejemplo, con la escucha activa y con la profunda convicción de que, si hacemos las cosas bien —y no a medias—, seguiremos construyendo la Venezuela que todos soñamos.